Liminal – Cerco

Cerco

En la calma tensa de la despedida,
en la suave llaga del recuerdo,
se marca el futuro, vuelta y vuelta,
en un velódromo olímpico:
persecución, extenuación, consecución.
En lontananza,
se agitan las montañas por culpa
del terremoto de grado seis que me ha dejado sin consuelo.
Desde fuera de mi fortaleza,
en mi pequeña planicie,
una lanza me atraviesa el ojo,
el que mira al futuro.
Las hordas atacan y me acusan
de ser cruel por avaricia.
El cataclismo de mi mundo conocido
se hunde en guerras movedizas.
Me tomo la cicuta.

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Liminal – Desastre

Desastre

Colecciono las fotos analógicas de un hábitat que no es el mío.
Las digitalizo, las hago sueño y luego las destrozo.
No quiero nada material, que sude, que manche mis dedos.
Las imágenes se suceden en mis pantallas,
recuerdo los sitios donde pude haber estado,
donde nadie me espera.
La tentación de borrar el disco duro es siempre apremiante, pero no lo hago. El /éter me deja
una sensación de ternura inquebrantable.

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Liminal – Naranja, adentro; azul, fuera

Naranja, dentro; azul, fuera.
No temo ya la oscuridad ni de la noche ni de la habitación cerrada.

Sería capaz de cruzar un campo de caballos salvajes,
de probar la sopa de hígado,
de recoger basura de los contenedores…
Ya no temo mirar mis arrugas, mis úlceras, mis dedos transformados, mi cara /sin maquillar.
Yo no temo tanto temer.

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Fenómeno paranormal en la Senda Verde

(C) María José Fernández

 

El descubrimiento de una cara de Belmez en el Túnel Molinero de la Senda Verde Fuso-Oviedo se destaca como uno de los hallazgos más importantes realizados hasta nuestros tiempos. A unos 7 km y medio del fin de la vía, una experta en Parapsicología que se preparaba para la Media Maratón de Pumarín, consiguió vislumbrar en la roca del antiguo túnel del tren de FEVE, cuyos raíles fueron desmantelados en 2009, una manifestación sobrenatural. Es una cara masculina la que nos mira desde el centro de la foto, con una expresión desencajada, casi como si se sorprendiera de nuestra presencia.

En una jornada de mucho calor y relente, con humedad ambiente cero y casi sola durante todo el trayecto, casi a punto de una insolación; la técnica, aprovechando su experiencia en presencias sobrenaturales, fue capaz señalarla. Ese rostro enigmático, sin duda la manifestación de un alma en pena que encontró en esa pared calcárea una forma de expresarse, de calcar su ectoplasma. La investigadora es conocida por su seriedad y se niega a dar declaraciones precisas hasta comprobar científicamente su autenticidad. Sin embargo hemos conseguido declaraciones de un profesor del Centro de Geología, y tras revisar la pared del túnel ha podido ver el rostro y ha dicho:- —Se parece a un tipo que se asoma a un mirador, o un balcón, y nos grita: “Eyy, que ya bajo”. Ya lo ven, hasta un científico académico no puede negar la evidencia. Escalofriante.
Aunque quería evitar la exposición pública, para lo cual pretendía comprar una lona oscura y colocar el cartel de “Peligro por desprendimiento”, nuestros contactos con el ministerio de ciencia y tecnología, nos permitió conseguir el documento que sirve de portada y hacerlo público.

Desde aquí instamos al ayuntamiento de Oviedo a que proteja ese fenómeno de los usuarios de esta Vía Verde, en especial de los raners y los peregrinos santiagueros que se pierden. Debemos añadir un hecho luctuoso, la experta en paranormal nos va a demandar por usar una fotografía que ella considera de su propiedad porque ya había vendido los derechos de emisión a los productores de Ana Rosa. Pero nosotros defendemos la libertad de expresión y su interés en la información.

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Liminal – Acaso no sea valiente

Acaso no sea valiente
esperar al maremoto en la playa, la pared de agua
que te arrollará; pero tú piensas
que resistirás como un fuste de hierro,
una columna dórica;
que esa es la mejor opción,
que huir o buscar un barco o llamar a un helicóptero
son alternativas con poco éxito.
Aguantas
clavado en la silla,
mirando el reloj de tu terminal,
obnubilado en el atasco
y el acoplamiento que te rodea
y no escapas.

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Prometo que no comeré verde

Qué alegría, las verduras son la alegría de la huerta, aunque sean verdes en su mayoría y se confundan con la hierba, al menos es lo que pregonan los cientos de miles de videos de recetas y vida healthy que nos echamos a la cara. Yo no concebía las verduras sin un compango delicioso al lado, pero sí, yo también he aprendido a comer verduras, hortalizas, semillas, flores, hojas y hasta tubérculos. Fuentes de vitaminas, antioxidantes, minerales… Pero no se engañen, las verduras no están sabrosas, por mucho que usen esa palabra en esos vídeos.

No entiendo porque se empeñan en hacernos sufrir los nutricionistas. Que generalmente son señoras delgadísimas, con  una sonrisa profidén y cierto aire a expresión lechugina. Las verduras tienen ese estigma: sirven para adelgazar y sólo por eso, la rebelión antiverde es necesaria. ¿Y qué me dicen de los pesticidas, las contaminaciones microbianas o de plástico, la falta de gustillo por cumpla de la industria transgénica? Encima hay que dar de comer aparte a la agricultura ecológica, con unos precios fuera del alcance de un sueldo mínimo. Después de todo, me dan pena esos señores y señoras que hacen cola en las tiendas de nutrición con maravillosas tarjetas de puntos y cada una con su dieta milagro patentizada llena de coliflores y calabacines a la plancha.

Qué pena. El dilema llega porque le estoy encontrando gusto a comer verduras y al niño que  llevo dentro le horroriza.  Estoy claudicando por culpa de la salud, y de sentirme respetable al  decir “yo como ensalada de espinacas y el brócoli con zanahoria está delicioso.” Qué pena. Ya no me cojo atracones de patatas de bolsa o macarrones con pisto, con lo que yo era. O esas tardes con amigos y una pizza con una gruesa capa de salsa barbacoa, o las costillas de esa taberna donde lo único parecido a la dieta mediterránea son patatas al alioli.

Pero no, me rebelo, comeré verduras y otro tipo de vegetales negándome a seguir el dogma cerrado de los nutricionistas.  Me niego a la paleodieta, los crudivorismo, la macrobiótica,  el vegetarianismo o el Hygge (un señor escandinavo, gurú de la vida sana) Me tomaré mi plato de berzas,  mis ajos puerros, incluso mi remolacha o mis nabos, pero me negaré a defender la preeminencia de la verdura como símbolo del ser humano. Soy un ser humano. Omnívoro como toda la vida.

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Liminal – Me sienta mal

Me sienta mal
admirar la belleza matemática:
la distancia entre los ojos a uno,
el arco de la mandíbula,
la densidad del músculo risatorio,
las cuencas oculares y los pómulos perfilados.
Bellas mujeres y bellos hombres
que esconden sus miserias
y me hacen creer que la belleza
interior se muestra siempre en el exterior;
que la genética ha conseguido
burlar el dolor, el miedo o el aburrimiento;
que son más felices por salir en imágenes
y escapar de la podredumbre.

Me confieso cautivo y traidor
a la causa de la belleza accidental
de los obreros de la construcción
y las cajeras de supermercado.

Quiero creer
que la belleza exterior existe
aunque no sea nada;
sólo una pantalla falsa,
manipulada por un fotógrafo,
un maquillador
y un técnico en diseño gráfico.

 

 

 

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Màxim también se apunta al fútbol

Dentro de cuatro días comenzará el Mundial de Fútbol de Rusia y me he impuesto a participar, por primera vez en la vida, en la celebración desde el primerísimo partido. Esta conversión de un perseguidor del deporte es análoga a la de San Pablo tras caerse de la burra y usar sus conocimientos de mercadotecnia para rediseñar el cristianismo. Me voy a preparar con la camiseta de la selección, el gorro rojigualda y una vuvucela, aunque no sé si sigue siendo un complemento para la moda futbolera. Esa necesidad de fundirme con la masa deportiva es algo nuevo en mí, y no sé si terminaré cogiendo rabietas como otros forofos y lanzado gritos de Oé Oé Oé, Soy Español, español o Viva España manque pierda.

El acoso a Màxim Huerta, nuevo flamante Ministro de Cultura y Deportes, me ha hecho reaccionar. Comprendo las críticas del mundo del deporte a alguien que dice “odio el deporte”, pero como es un chico listo ya lo ha arreglado. Por eso fue, purificado, al despedir la selección para el Mundial, junto con el Rey, y prometió amar el deporte por tener orgullo de ser español y llevar a España por el mundo, y todo eso. Incluso prometió moverse un poco más, porque Màxim, como la aplastante mayoría de seres humanos sensatos, se sacan el carnet del gimnasio pero luego sólo van cuando se miran al espejo y la lorza de la cintura ha crecido unos centímetros. No le perdonan ni siquiera escribir “Rolland Garros”. Seguiré el ejemplo, si Màxim puede, yo también. Me camuflaré con mi camiseta dentro de un grupo de seguidores y gritaré con las mismas ganas cuando toquen el himno (espero que sea la magnífica versión de Marta Sánchez, aunque yo espero la de Sabina o la de Leticia Sabater); me indignaré cuando piten a favor de Cristiano Ronaldo (es que es tan guapo, tan listo y tan buen jugador) y me abrazaré en grupo cuando metamos un gol y dejemos k.o. a los portugueses. Ya lo veo.

Este mundial suspenderé mi credulidad acerca de las horas y el dinero invertido por cientos de miles de españoles en el fútbol. Defenderé el orgullo de los jugadores ante cualquiera que haga una crítica. Me pondré de rodillas si Iniesta mete un gol agradeciéndole todos sus años de carrera. Me emocionaré al ver al nuevo ministro alabar a la Roja igual que lo ha hecho con Nadal. Y me aprovecharé de las ofertas dos por uno de las pizzerías, que no hay mal que por bien no venga.

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Liminal – Adelanto

Adelanto

Ya no me preocupa ver el mundo borroso;
me muevo mejor en las disoluciones,
en la niebla,
en la nieve de las pantallas.
Aunque no pueda ver
un monstruo pintado de verde o un francotirador
en la azotea.
Me siento seguro
circulando por la calle y por la senda.
No me da miedo
tropezarme,
ni adivinar las expresiones
de la multitud.
Adoro ver el mundo
con mis ojos desenfocados,
libres,
que desean avanzar lo suficiente
para aproximarse.
Percibir mejor los rostros y sentir la
endeble armonía de otro ser humano.

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Liminal – He tenido muchas oportunidades para perder el tiempo

He tenido muchas oportunidades para perder el tiempo
Para mirarme al ombligo y preguntarme por la gente del otro lado del cristal,
Para aquellos que se mojan con la lluvia y se ensucian con el polvo,
Para los que se contaminan con el smog.
He observado muchas palomas arrastradas por el aire,
Caídas aparatosas en las aceras recién regadas,
Manos cortadas por vasos de chupitos.
He tenido ocasiones para arañar el pladur,
Para contestar a las llamadas de mi operadora.
Tengo un mazo y golpearé mi ventana.
Lo prometo.

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