Gallinas vs Lobos

Hay un acertijo que consiste en pasar a un lobo, a una gallina y a un montón de  maíz de un lado al otro del río sin que se coman entre ellos. La solución es ésta: primero se lleva a la gallina, y regresa sin ella; coge el maíz, cruza, lo deja en la otra orilla, y vuelve con la gallina. Luego la gallina queda sola y pasa con el lobo al otro lado; termina el proceso dando otro viaje a por  la gallina. Los seres humanos creemos que dominamos la situación,  que dominamos a la Naturaleza. Creemos que los animales  se quedan quietecitos esperando por nosotros. Y encima pretendemos salvarlos.

 

Amamos a  los animales, pero intentamos razonar con ellos. Proyectamos nuestras ansiedades y dudas para  secretos  vitales,  por eso nos empeñamos en vernos  reflejados.  Deseamos apresar sus  —posibles— cualidades místicas, sobrenaturales, emocionales. Ja.  Al final nos quedamos a medio gas. Pobres ilusos de nosotros.   Encima, nos identificamos con los animales salvajes y no con los domésticos. Las águilas, los leones, las serpientes y por su puesto los lobos; en camisetas, carpetas, tatuajes…  ¿Ésa es la manera de conectar con su esencia?  ¿Nuestra propia estética?  Son la libertad, lo rebelde frente a las vacas, las gallinas o los cerdos que son vulgares, amigables, aburridos; al menos sirven  para la ropa de los niños, los videojuegos o la mercadotecnia.  Quién crea que le hace un homenaje al lobo por comprar una camiseta, se debería mirar sus sesos.

Ah, qué sería de la época hiperconectada sin echar mano de  estos iconos; sin la explotación de memes. Claro está que no son sólo los particulares sino que instituciones, como las comunidades autónomas, izan como emblema a un animal de su fauna que provoque encanto en el turista; como el urogallo, el lince o  el oso. En pocas ponen una vaca como Asturias, pero Asturias is diferent. Eso sí, los mitos interesados funcionan bien; en Asturias, según la publicidad, incluso los lobos son amigos de los ganaderos, a pesar de ciertas tiranteces… Sólo rumores.

Algunos individuos que, a lo mejor, crean sus propios escudos de armas siglo XXII; se sienten contagiados de su carisma,  de su poder evocador, se ven reflejados en sus cualidades. Incluso aunque no hayas pisado una vía verde o hayas visto una cagada de vaca —estiércol en fino, y cucho en bable, por si a alguien le interesa— tu avatar es un lobo. Nadie quiere ser una gallina. Las gallinas son aberraciones. Unas huevonas. Si eres  atractivo eliges entre un animal de presa, un gran felino, un gran simio, o un casi humano delfín. Sin embargo, hay que enfrentarse a ello, el ser humano tiene mucho más de gallina. Cuál es nuestra reacción si nos para la Guardia Civil por un control, si le caes mal a tu jefe y puede despedirte, si no eres sincero con un amante… ni con tu pareja…  ¿No solemos cacarear?

 

 

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Nuestros queridos nietos

NUESTROS QUERIDOS NIETOS

 

(DE LA PARTE DERECHA DEL ESCENARIO, SALE UNA SEÑORA DE UNOS SESENTA CON VAQUEROS. JUGUETEA CON UNAS LLAVES DE COCHE. SE DETIENE Y MIRA HACIA ARRIBA. AGITA LA MANO PARA QUE ALGUIEN LA VEA EN LA VENTANA. AL NO RECIBIR RESPUESTA, SACA UN TELÉFONO MÓVIL DEL BOLSILLO TRASERO DEL PANTALÓN. MARCA UN NÚMERO Y ESPERA).

 

PACA.- ¡Olvi! que ya estoy aquí. (PAUSA) Sí, sé que te dije que venía más temprano, pero me líe todo el día. (PAUSA) Tengo el crío en el coche, así que no me des la brasa, Olvi. (PAUSA) Sé que hoy es martes, pero… (PAUSA)Venga, Olvi, baja de una vez, apaga el fuego si no quieres que se te quemen las croquetas.

(PULSA UNA TECLA Y SE LO GUARDA).

SiemPre por los cerros de Úbeda. (RÍE). Esta Olvido va a perder la cabeza pronto. (CANTURREA): “y aunque dentro de mi copa está, reflejada tu fría luz, la beberé”.

(OLVI ENTRa POR LA IZQUIERDA. VISTE FALDA Y BLUSA, Y UNA CHAQUETA DE PUNTO.

OLVI.- ¡Aquí estoy!

PACA.- Ya lo veo. (SE ACERCAN Y SE DAN UN BESO). Por si no lo sabes, tienes una macha en la falda.

(OLVI REVISA SU FALDA)

OLVI.- Me saltaría el aceite. Pero tengo un quitamanchas muy bueno. Saca la sangre, el barro, el lápiz de labios…

PACA.- ¿Para qué te interesará a ti sacar, de salva sea la parte, una mancha de pintalabios?

OLVI.-No vayas por ahí. Que siempre te gusta llevarlo todo al sexo.

PACA.- Yo no soy pacata como tú, Olvi. Tengo mis años, pero no estoY muerta.

OLVI.- ¿Es que nunca vas a madurar?

PACA.- Mejor eso que quedarme entre cuatro paredes. Venga, dame lo mío.

OLVI.- Bueno, te lo doy y me dejas. Que tengo mucho que hacer para las cena.

(NINGUNA HABLA. OLVI METE LA MANO EN EL BOLSILLO De SU FALDA, PERO ANTES DE EXTRAERLO…)

PACA.- Y hazte valer. Te tienen como a una esclava.

(OLVI SE DETIENE. SU CUERPO SE ENCRESPA Y SE QUEDA MIRANDO A PACA. PACA DA UN PASO ATRÁS).

OLVI.- (INTENTA CONTENERSE). Siempre con lo mismo. A mí no me importa cocinar para mis nietos. No me importa limpiarles la casa. Esa ha sido mi labor siempre y me gusta limpiar.

PACA.- No te enfades, mujer. Sólo te digo que no tienes tiempo libre.

OLVI.- Yo no podría estar todo el día fuera de casa, como tú.

PACA.- A ti lo que pasa es que tu hijo te ha liado bien. No le supiste decir “no” y ahora te tiene de chacha. Lo que te molesta es que a mí, mis hijos no me lían. Les recojo al niño, lo llevo a kárate o me lo quedo si salen algún día. ¿Pero yo convertirme en su chacha? No chica, si tienen hijos que los cuiden.

OLVI.- Se hace de todo por los hijos, Paca.

PACA.- Pues bastante hice con un parto de veinte horas con la niña y de diecisiete con el otro. Creo que ya es suficiente, ¿o no?

(OLVI ROMPE SU SERIEDAD Y SE RÍE).

OLVI.- Tienes razón, en parte. Llevo semanas  casi sin salir; y cuando pienso que yo tengo una casa, con mi jardín y yo aquí metida en un piso, me deprimo.

(PACA LA PROTEGE CON EL BRAZO.)

PACA.- Vente a pasear conmigo por la tarde. Ahora que todo el mundo corre o tiene que caminar por consejo médico, está muy concurrido antes de cenar. YA sabes que yo pego la hebra con cualquiera, y he conocido a mucha gente que tiene veinte o treinta años menos. Te divertirás.

OLVI.- No lo sé. Me convendría caminar algo.

PACA.- Si no te atreves, se lo digo yo a Alejandro.

(OLVI SE RÍE)

OLVI.- Oye, que yo puede decírselo a mi hijo sin necesitar un mensajera.

(PACA SE SEPARA. ENTRE LOS ESTERTORES DE LA RISA).

PACA.- Venga, ahora pásame lo que tengas, que lo necesito para esta noche.

OLVI.- Estás aumentando la dosis. Vas a perder la cabeza.

PACA.- Todo el mundo tiene sus vicios. Además a ti también te gusta.

OLVI.- Menos que a ti.

(SILENCIO PROLONGADO. PACA VUELVE A MOVER LAS LLAVES CON ANSIEDAD. OLVI DISFRUTA OBSERVANDO A PACA Y SE HACE DE ROGAR.

PACA.- Rápido, Olvi, que tengo que recoger al crío.

(OLVI SE DETIENE).

OLVI.- ¿No lo tenías en el coche?

PACA.- Mentí.

OLVI.- ¿Por qué?

PACA.- Para que te dieras prisa. Además tengo la pierna mala y odio los ascensores.

OLVI.- ¿Desde cuándo?

PACA.- Tendrías que haber estado tú tres horas en el ascensor del hospital.

OLVI.- Ahh, bueno, pero eso ya fue hace año y pico.

PACA.- Desde ese momento le pillé miedo a los ascensores. Estaba sola. Sólo quedó una rendija donde veía pasar los pies de la gente. Sentí que me faltaba el aire, y casi me sacan desmayada. Fue terrible.

OLVI.- Vaya, como me habías contado que no había sido importante. Es que te lo tragas todo. ¿Cómo te puedo ayudar?

PACA (RIÉNDOSE).- Contigo me parto, te lo crees todo.

OLVI.- Eres un trasto, nunca cambiarás.

PACA.- Anda, pásame ya el material que quiero probar si es de calidad.

OLVI.- Me ha costado mucho encontrarlo. Tuve que llamar a mucha gente, incluso me di una vuelta por internet.

PACA.- Ahora no me vengas con que te has convertido en una experta en informática.

OLVI.- Me gusta mucho: encuentro recetas, fotos antiguas del barrio…

PACA .- Olvi, por Dios, que el crío va a tener barba si no me voy ahora.

OLVI.- Ha mucho que no te veo… Sí, este sábado quedamos para hablar. Y nos tomamos algo.

PACA.- Venga, dámelo ya.

(LAS MUJERES MIRAN A LOS LADOS PARA COMPROBAR SI VIENE ALGUIEN). (OLVI SACA UN DÉCIMO DE LOTERÍA).

PACA.- ¿Acaba en impar?

OLVI.- En cinco, nuestro número.

PACA.- Y el de él.

OLVI.- Cuando dije “nosotros”, me refería a nosotros tres… Que Dios le tenga en su gloria.

PACA.- O el Diablo en los infiernos.

OLVI.- Te pido por favor, a mí no me digas eso.

PACA.- Un poco más de humor, Olvi. Ya sabes que no me van lo de los angelitos ni los tíos con cuernos y rabo.

OLVI.- Es que no me acostumbro. Pasan los años, y me sigues dejando parada. (PAUSA). Anda, llevátelo.

(OLVI LE PASA EL DÉCIMO. PACA LO REMIRA).

PACA.- El tipo casi nos dejó en la ruina por jugar. Y aquí estamos tan enganchadas como él.

OLVI.- Era un hombre maravilloso, pero te doy toda la razón. Si no fuera por ti, estaríamos en la calle.

PACA.- Era maravilloso… Era un cabrón. Conocía todos los bingos, casinos, casas de apuestas, hipódromos y timbas ilegales en doscientos kilómetros.

OLVI.- Hubo un día en que me llevó a la colina, junto a la torre eléctrica, y me pidió perdón; me dio un queso de tetilla. Otra vez, pasamos un día en la playa, me caí y me abrí una brecha en la pierna. Me llevó al hospital en brazos… ¡Qué romántico era todo por aquel entonces!

PACA.- No te embales… Era detallista porque le convenía y no sabía hacer otra cosa.

OLVI.- Pobrecillo, no tenía personalidad, así que gastaba el poco dinero que tenía.

PACA.- Ya, era un currante. Y por eso se gastaba medio sueldo en las tragaperras.

OLVI.- (SUSPIRANDO) Ernesto.

(SE MIRAN. SERIAS)

PACA.- (IRÓNICA) Ernesto.

(SE RÍEN).  (SILENCIO)

OLVI.- Qué se le va a hacer, es el hombre de mi vida.

PACA.- Y aunque no me guste admitirlo, tengo que decir lo mismo.

(SUENA EL MÓVIL DE PACA).

Un mensaje de mi nieto, se queja de que lleva cinco minutos esperando. ES una mentira como un templo, todavía acaba de salir de kárate. Me trata como a su mayordomo.

OLVI.- Los niños de ahora son unos tiranos. Porque son mis nietos, y los adoro, y los quiero… Si no fuera por eso, sería de capaz de estamparlos contra… Bueno, ya sabes.

(SILENCIO)

PACA.- Entonces, quedamos el sábado para dar un paseo. Te vengo a buscar y esa vez, si no bajas, subo a por ti,  aunque tenga que subir en ascensor.

OLVI.- Vale, estoy cansada. Hablaré con Alejandro. Y  ahora tendré que calentar de nuevo el aceite para las croquetas.

(SE ABRAZAN).

PACA.- Ya te llamo más tarde.

(PACA SE PONE EN MOVIMIENTO PARA SALIR POR LA DERECHA. AL OIR A OLVI SE DETIENE UN MOMENTO).

OLVI.- A ver si nos toca algo en el sorteo de la lotería. Te invito Invitaría a unas vacaciones en un balneario o en una ciudad de vacaciones con spa.

(PACA SE DESPIDE AGITANDO LAS LLAVES DEL COCHE Y SALE).

(OLVI SE QUEDA SOLA EN EL ESCENARIO).

OLVI.- (CANTA. MIENTRAS SALE): “una es su alegría, la otra es su reposo.. la,la,la.. cómo se puede amar dos mujeres a la vez y no estar loco”.

(OSCURO)

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Poemas de tres versos

La señal de “Stop” destrozada.
Todo lo que hoy veo.
Alguien robó los pensamientos del parterre.

 

Perdido junto a la luz eléctrica,
siempre noche de otoño.
Dejado fuera.

 

Aparece,
tan pronto como esas nubes;
recibo la factura de teléfono.

 

Una cerveza fría,
tarda en salir la luna,
los fuegos artificiales se retrasan.

 

Sangre, lágrimas,
sudor frío y lentejas.
Nadie sufrirá.

 

Higuera yerma:
tu rama seca, hoy
me dará calor.

 

No sientas miedo
aunque el abismo te abrume.
Le perteneces.

 

Un acebo seco.
Raíz podrida sin sol
y mi insolencia.

 

La mano derecha
tapa tu cara y la izquierda
se limita a mirar.

 

El río estaba a punto de desbordarse
y yo quise ayudarle
comprando una retroexcavadora.

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Melpómene y Talía – Sobre los actores – 03

talía y melpómene

03

MELPÓMENE.- Umm…  Puedo olerlo.

TALÍA.-¿Qué?

MELPÓMENE.- El ambiente cargado, lleno de miedo, de incertidumbre, de venganza.

TALÍA.-¿Puedes oler la venganza? Igual que los cerdos huelen las trufas.

MELPÓMENE.- Soy experta en ella. La venganza es la respuesta humana más pura. Vengarse es lo más dulce.

TALÍA.- Y quién se quiere vengar entre estos actores.

MELPÓMENE.- Hay varios Talía, en especial  aquella que odia a esa otra que tiene la felicidad.

TALÍA.- Debería respirar hondo y buscarse a otro.

MELPÓMENE.- El ser humano no funciona así. Cuando quiere algo, es incapaz de mirar más allá de sus narices. Procurará poner todos los obstáculos hasta que consiga su objetivo. Y con ello se condenara´. La belleza trágica hermana.

TALÍA.- Y sin embargo también hay compasión y compañerismo. Se nota en ellos.

MELPÓMENE.- Como se nota su inmadurez.

TALÍA.- No hay nada más humano que ser solidario.

MELPÓMENE.- No hay nada más humano que vengarse.

TALÍA.- Pero hoy no va a pasar.

MELPÓMENE.- Quizá no en este momento. Pero  querida hermana, la venganza siempre sobrevuela a las personas, se enrosca sobre sus ojos. Y la tragedia siempre está preparada para aprovecharlo.

TALÍA.- Espero que esa actriz encuentre un poco de comedia en su vida.

MELPÓMENE.-¿Por qué? Si realiza su venganza será dichosamente infeliz. Quizás se lo puede arrebatar, o al menos retrasar su dicha, o envenarla; la tragedia es mucho más diversificada que la comedia. En esos soy imbatible, Talía.

TALÍA.- Pero como sienten vergüenza de esos sentimientos, prefieren disfrutar con mis farsas.

MELPÓMENE.- Yo siempre estoy agazapada, Talía, siempre estoy con el puñal preparado. Y te aseguro que esa actriz llevará a cabo su crimen.

TALÍA.- Entonces, me limitaré a ver el espectáculo, mi insolente Melpómene.

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Melpómene y Talía – Sobre los actores – 02

talía y melpómene

02

 

TALÍA.-Estos estudiantes me están emocionando mucho.

MELPÓMENE.- No me convencen. Se les nota la inexperiencia. No vocalizan, no se mueven con elegancia… ¿Para qué tienen la razón?

TALÍA.-Vaya. Ese es tu problema. Tu razón y tu corazón no están acoplados, y  ese es el origen de la tragedia.

MELPÓMENE.- Y entonces, siguiendo tus argumentos, ¿la comedia conecta mente y cuerpo?

TALÍA.- Claro, es la única manera de ser sincero.

MELPÓMENE.-  En realidad, la sinceridad viene las vísceras, de querer ser cívico y dejarse llevar por las pasiones. Talía, reconócelo, el cinismo forma parte de la comedia.

TALÍA.- No he hagas reír oh, mejor sí.  Creo que es mejor ser cínica que platónica. Al menos mis emociones crean, son genuinas, no terminas cogiendo un cuchillo y matando a tus padres.

MELPÓMENE.- Otra muestra de tu estupidez. Las emociones tras el dolor son más puras, más fuertes.

TALÍA.- El dolor también existe tras la comedia. Una conmoción siempre se expresa en un  estallido de risa, en una frase irónica.

MELPÓMENE.- Lo que tengo que oír.

TALÍA.-Reaccionar, saltar, gritar. Eso son emociones.

MELPÓMENE.-  Pedir clemencia,  reconocer un error, pagar quitándose la vida… Esos son los incidentes que forman una vida. Nadie se vestiría de payaso para honrar a un fallecido.

TALÍA.- Hay muchas maneras de expresar el dolor. Y la risa, muchas veces, expresa más tristeza que un parlamento doloroso a Zeus.

MELPÓMENE.- ¿Te basta con que te dé el beneficio de la duda para que avancemos y nos centremos en los actores?

TALÍA.- Yo también te lo doy, con reservas eso sí… No hace falta que te rías tanto, hermana.

 

 

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Melpómene y Talía – Sobre los actores – 01

     melpómene y talía

01

 

Las musas del Teatro siempre rondan alrededor de los actores.

MELPÓMENE.- No me terminan de convencer estos estudiantes.

TALÍA.- Pues tienen una gran disposición. Gesticulan, se tiran al suelo, doblan el espinazo.

MELPÓMENE.-¿Y la fuerza dramática? ¿Y el desgarro emocional?

TALÍA.-Tú crees que hay que exagerar para todo. No por entornar los ojos se sé mejor actor.

MELPÓMENE.- Y qué  hay que hacer, ¿reírse todo el rato?

TALÍA.-Me parece que no sabes nada de la comedia, querida hermana Melpómene.  Reírse es la reacción más humana. Sufrir nos hace animales.

MELPÓMENE.- Pues la mayoría de la gente sufre y llora.  El  día a día, la lucha constante con el caos…  Tras tantos siglos, deberías saberlo.

TALÍA.- De ahí viene que el humor sea la única manera de no terminar matando a alguien.

MELPÓMENE.-  Asesinar a alguien es una reacción completamente natural. Y éstos histriones deberían saberlo. Nunca sabrán hacer un tragedia.

TALÍA.- La comedia es más difícil, hay que tener vis cómica.

MELPÓMENE.-  Me reafirmo, lo más natural es la angustia. Sólo veo que hacen volteretas estúpidas.

TALÍA.- Lleguemos a un acuerdo por el bien de estos actores. Ninguna de las dos prevalecerá. Buscaremos un equilibrio, aunque sea intermitente.

MELPÓMENE.- Lo acepto. Veremos si podemos hacer algo con ellos.

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Murallas (Novela corta) – 25

25

Nerea salió con su macuto de lona amarilla. Ya se había acostumbrado a la bata nueva, que personalizó con una insignia de un perro pachón de cara ñoña. Había conocido al dueño de la clínica veterinaria por cámara en red, parecía un treintañero, aunque las arrugas de sus ojos gritaran cuarenta y cuatro. Al menos las prácticas le quedaban cerca de su casa, en el centro comercial. Todo pintaba perfecto.

Entró por la puerta sur, la de la placita con un acebo que ya estaba antes del edificio, emblema comercial, lo que le daba un valor ambivalente durante las fiestas navideñas. La clínica se hallaba en la planta segunda y Nerea se acercaba a las escaleras mecánicas. A su derecha, a unos diez pasos, había un gran cartel rosa y azul con la palabra  INAUGURACIÓN”. Era una tienda de ropa infantil. A Nerea le rondaba la idea de tener un hijo sola y se prendaba de cada crío que veía. Sus sobrinos ya tenían algún añito  más y no se colgaban tanto de su tía. Se acercó, se quedó viendo los vestidos de piqué, y unas faldas vaqueras, un peto de cuadros vichi y una blusa con blondas y animalitos bordados.  Dos mujeres con pañuelos al cuello salieron con una gran sonrisa, y Nerea se adentró. Vio la mesa con el picoteo y cogió una patata brava.

—Qué bien, tú por aquí.

Era Noemí.

Ante el estupor de Nerea, Noemí se mostró como una gran anfitriona. Había encauzado su vida, su hijo estaba tratado y le iba bien en la asociación de afectados, ella había conseguido un préstamo con el aval de sus padres… Obviaba la evidente incomodidad de Nerea. Estaba ilusionada con la tienda. Tenía un nuevo chico que era programador informático y sólo salía de vez en cuando a tomarse unos vinos. Lo cierto es que vestía un traje de chaqueta con pantalones color beige, con su cabello en moño sin un rastro de algún color. Una imagen renovada, pulcra.

Nerea tuvo que excusarse, ya tenía que llegar a su nuevo trabajo, en la clínica veterinaria.

—Lo entiendo. De todas maneras, nos  tomaremos algún café por el centro comercial. Suerte.

Se dieron dos besos, sonoros, los de Noemí marcando las mejillas de Nerea con pintalabios ciruela. Nes había entrado de nuevo por otro delito de tráfico, sin fianza, y el padre le había cortado  el dinero. Así de fácil. Todo iba bien. Incluso  las visitas de  Yesca cada noche, que  le hablaba de destruirse o destruir lo que ama.  La mayor muestra de devoción que se puede regalar a alguien.

Subiendo por las escaleras mecánicas, libre de sospecha, Nerea concluyó que quien le esperaba al final, era Yesca. Quizá quería que le acompañara.

 

—-FIN—-

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Murallas (Novela corta) – 24/3

24.3

A las cuatro, mi jefe volvía de su expedición por los bares rivales y amigos. Quedaban una docena de clientes, a pesar de que el día siguiente era laborable. Como si fuera ahora, yo estaba sacando del lavavajillas las copas y los vasos de tubo, yo lo vi entrar pero no dejé de secar la cristalería, y por eso me sorprendió al oírla voz ronca.

—Oye, Nere, ¿sabes lo que me han dicho de tu amigo Nes? — se me cortó la respiración—.Me contaron que ha salido de prisión preventiva.  Así que vigila tu espalda.

Él se empezó a reír y yo le correspondí mirándole. El entró en el despacho. Cerré el lavavajillas y limpié el mostrador. Una pareja que estaba tomando unas cervezas habían abandonado la mesa. Cogí la bandeja y en el camino, un tipo con barba me pasó un billete para que me cobrara las consumiciones de su mesa.

El jefe ya estaba en la barra cuando volví.

—Habrá que cerrar, qué ya es tarde, ¿no? —. Eso dijo, pero estuvimos hasta casi las seis. Insistí en limpiar a fondo y alargué todo lo posible el porro. Pero mi jefe quería ver a sus críos antes de que desayunaran.  Me ofreció llevarme a casa, pero no quería que llegase tarde a la suya, en la otra dirección,  y me dejó en la parada, bastante concurrida con otros fiesteros. Nunca había visto la muralla desde el sitio exacto donde había caído Yesca y decidí que era el momento justo. Rodeé el muro de la ciudad, la leve curva nunca hecha. No  estaba lejos, aunque lo parecía, y me coloqué en la zona de césped,  mis pies,  justo donde su cabeza se ladeaba. Levanté los ojos y pude ver en la barandilla de piedra,  la parte de arriba de una persona tapada con una sudadera con capucha. Las noticias de Nes habían sido preocupando, quizás era él el que homenajeaba a Yesca como ella. ¿O era Noemí? De repente sentí una corriente fría, con el rabillo pude  ver que   desde mi derecha venía el bus que bajaba la velocidad. Corrí hacia la parada. Era una buena excusa para  apartarme de cada piedra de la ciudad vieja. La cola de los trasnochadores me permitió conseguir subirme a tiempo.

El camino hasta mi barrio fue como si el tiempo se suspendiese, agarraba mi móvil con el juego que empecé, las caras de la gente se parecían, las mismas personas subían y bajaban, las conocía a todas. Todas se parecían a mí. Notaba que los chicos más jóvenes me miraban. Pero pronto se cansaban de mí. Así que cuando el autobús recorría la arteria del barrio, con las panaderías y las cafeterías abiertas,  me di cuenta tarde.  Casi me paso de parada. El día ya casi total. Doblé por la segunda transversal y me quedaba un último desvío hacia la derecha. Tras rodear la esquina, pude ver la réplica de Yesca.

El coche de mis padres ardía, en realidad, comenzaba a arder. Las llamas aún no eran enormes, se trenzaban uniéndose y destejiéndose, con algún remolino,  como el agua, revolvían el aire todavía oscuro. No puedo decir que comprenda el humor de Yesca, pero la pureza de las llamas, aumentando sin cesar, me dejó sin aliento. Fue uno de los momentos más bellos de mi vida. Empecé a escuchar una sirena, las pequeñas explosiones, algunos gritos, las llamaradas que iban quemando todo el coche; los bomberos se acercaban y yo no quería que apagasen ese espectáculo.

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Murallas (Novela corta) 24/2

24.2

Desperté de la siesta con una canción de un tipo de voz suave y a la vez con continuos chillidos, soplidos; era el cantante favorito de la enfermera. Creo recordar ahora mismo, que ella era Conchita, o algo así. No me molestaba especialmente, pero sí bastante. La espalda me dio un tirón, es que me había dormido en una posición de lagarto, con la boca abierta de par en par y la panza aplastada contra el colchón. Estaba agarrotada, recuerdo estiré el brazo para coger el coletero y me cabreé. Eso me recordó las visitas de Guillén los viernes, por una parte fue bueno, porque lo aclaramos todo; por otra, fatal, porque se convirtió en un cliente más, y ya no le funcionaba su caída de ojos conmigo. Me dio la vara con todos sus recuerdos por Europa, pero bien. Es a la primera persona que le conté, sin pensarlo mucho, que ya me había matriculado en mis estudios de ayudante de veterinaria. Creo que se puso orgulloso de verdad, por mí.

 

Me restregué la piel cuando me duchaba, me hice una herida que me molestó toda la noche. No podía relajarme. Tenía que coger el coche sin dormir y encima el jefe llevaba una temporada algo pesado con la baja de volumen de negocio y me hacía repasar cada céntimo durante el arqueo. Ya por aquella época comenzaba a gustarme menos la noche, por lo menos las copas no me sentaban tan bien como a los dieciséis. Eso sí, ese día teníamos la fiesta patrocinada por una marca de ron catalana. Ya había apartado varios objetos de promoción para mí: una cartera de marca con un pez payaso y una camiseta con el mismo logo. Tomé un yogur con chocolate. Me pasé la sobremesa jugando con mi móvil: uno era de un mono que subía por un tronco y lanzaba frutas a cocodrilos, si no eras mañoso con las serpientes que se enroscaban en las ramas, caías envenenado al río; otro era de crear seres híbridos para superar pruebas atléticas; otro, manejar un catamarán e intentar cruzar un estrecho con remolinos, monstruos… Era muy buena. Nadie se atrevía a retarme. Cuando tuve que salir corriendo, perdí una jugada magistral, pero la recuperé en el trayecto del bus.

Me sentía bien, algo cansada, con ganas de descansar el lunes. Al bajarme en la parada, y entrar en el centro histórico me hizo sentirme aplastada; encerrada. Sobre todo cuando comencé a callejear buscando la zona este. Me introducía en el callejero sin esquinas, un laberinto del que nunca podría salir. Sonsoles y Dimas me decían que me estaba quemando y yo me reía. Decían que mi felicidad era falsa y había discutido con ellos dos días antes. En aquel momento defendí a mi jefe rechoncho, orgulloso de su media calva y sus porros, los mejores que he probado. Ese porrito para cerrar la madrugada y que no nos pesara demasiado la cabeza.

Dimas me dijo esa madrugada que se iba definitivamente a Gales, a una especie de mansión reconvertida en asilo. Me mostró fotos de las instalaciones, y parecía el lugar perfecto para una película de fantasmas. Cardiff estaba a unos cincuenta kilómetros y parecía feliz. Le invité a un whisky canadiense. A varios en realidad. Llamamos a Sonsoles, eran las dos de la mañana, y casi nos mata. Pero al final se lo tomó bien. Ella todo se lo toma bien. Que poco podía saber yo que Dimas no volvería, que se olvidaría de mí tan pronto.

 

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Murallas (Novela corta) – 24/1

24.1

Me agobia pensar en estos años que he estado engañada. Pero todo pasa.

Por aquel entonces me había mudado a un piso compartido con dos chicas, cerca, aunque no dentro, de la zona universitaria de las colinas sur. Había dicho basta a mi madre y su interés en controlar mi vida. Ya le había pasado su fiebre por ser responsable de la asociación vecinal y ahora se limitaba a ir al coro los viernes, y a las excursiones a los balnearios. La cuestión de Ligia rompió su credibilidad y acabó cortando las discusiones con su dimisión. Ahora podía irse con mi padre, al que terminó por dejar a su jefe con dos palmos de  narices cuando el contrabando de pastillas y hachís dentro de la entidad le saltó a los dos meses. Nes todavía está en la cárcel, creo.

A veces me tropiezo con Noemí, nos miramos a la cara, sin problemas. Dicen que ha aprendido de no acercarse tanto a Nes, pero también que le visita en la cárcel. Ya no me interesa.

A Nerea no le gustan los muebles prefabricados

La habitación era espaciosa, y me dio por hacer cuadros propios copiados de la revista de modas. Sonsoles me vendió bien a sus alumnas. Una de las chicas estudiaba enfermería, e iba a la academia de Sonsoles tres días para mejorar su alemán. La otra era una estudiante de derecho que pasaba de mí aún más que la enfermera. En las tres semanas que llevaba, sólo habíamos comido juntas tres veces. No sabía sus gustos. Ni sus costumbres. Ya no me interesaba preguntar por la vida de los demás. Había una lista de tareas y de reglas, me mandaron una copia a mi correo electrónico y pagué dos semanas de adelanto. Firmé y listo. En el único calendario de papel, que servía también como muro de notas, estaba marcada la fecha de fin de mes para poder reunirnos y dejar las cuentas claras. Y nada más. Como me fui pronto, no estuve más de los seis meses, no tengo ningún recuerdo ni bueno, ni malo.

Ese sábado había dormido la siesta dos horas. Había trabajado hasta las siete de la madrugada. Me quedaba la noche del domingo al lunes, más corta y tranquila, se suponía. Y ni siquiera podía descansar, mis padres me obligaban a llevarlos al aeropuerto. Aún no estando en casa, mi padre me tenía como su chofer. Bueno. Dos días en Madrid, en un hotelito pagado por el futuro  yerno, familia de odontólogos de prestigio. A mi madre se la hinchaba la vena del cuello sólo con pensar que emparentar con tal familia de la aristocracia más rancia. Me parece un chiste. Conozco a mi hermana, tarde o temprano se cansará de ser señora de y acabará de liarse con el del butano. Quizá sea envidia, como dice mamá.

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