La epifanía de Mamoudou Gassama

Aquí empezó todo.

La epifanía de Mamoudou Gassama

 

Un emigrante maliense trepó hasta un piso cuarto como un yamakasi cualquiera para salvar a un niño francés cuyo padre estaba fuera jugando al Pokemon Go y se retrasó. El héroe fue obsequiado por el propio Macron con la nacionalidad francesa, la entrada con honores al cuerpo de bomberos pero dejó claro que ese gesto era excepcional y que Francia no podía hacer lo mismo con cada extranjero que entrara ilegalmente en patera, bajo un camión o escalando la valla de Melilla.

Es algo humano, salvar a un ser indefenso en desgracia, la prueba de fuego de la heroicidad… y encima, si se es premiado como europeo de pro y miembro de la CEE. Queda el papeleo eso sí. Porque queda claro que Europa sólo se merece lo mejor. No se puede dejar que entre cualquier indocumentado, por mucho que aspire a mejorar su vida. Sólo debemos aceptar la excelencia ya sea la intelectual–como el caso de César Brando en Got talent– o los diversos deportistas que compiten bajo banderas europeas pero que nacieron en Etiopía, Camerún, etc.

En principio, le meritocracia es positiva, enriquecer la sangre europea con un joven escalador de edificios que se convertirá en uno de los mejores bomberos. Se convertirá en un superhombre, un ser famoso al que se admirará por pasar de inmigrante ilegal a ciudadano integrado y de fuste. La típica historia de superación de la que harán una película en pocos meses con Idris Elba o Will Smith, aunque sea muy mayor para el papel. Yo añadiría algo más: hay que hacer un test en los países africanos para traerse a la gente extraordinaria y descambiarlos por esos europeos de raza pero que son vagos, estúpidos y no emprenden nada. Eso: echar a los europeos mediocres y traerse a los africanos dotados para que Europa siga siendo Europa.

Deseo que Mamoudou Gassama sea feliz como francés aunque la aplastante mayoría de compatriotas malvivan como manteros ilegales. Nos congratula y llena de satisfacción que alguien consigue el Sueño Americano, aunque sea en Europa, para soñar que nosotros también podemos. ¿Si un emigrante lo consigue, ¿por qué yo no? Porque Mamoudou es excepcional y tú no, por muy comunitario que seas. Yo, que ejerzo de torpe, de manera natural, me obsesiona ver cómo alguien es capaz de subir por las barandillas de los balcones. Maravillarme como el niño que es apenas sostenido por un vecino, está a punto de caer y llega ese hombre araña a rescatarlo con una facilidad pasmosa. Necesitamos héroes, franceses o no. Quién no sea capaz de hacerlo, que se quede donde está.

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Un chalet en las afueras

Iglesias y Montero han solicitado una hipoteca a 30 años para poder pagarse un chalet de 600.000 euros en Somosaguas con piscina, cenador y contratar a un jardinero, un piscinero y un empleado doméstico – este último a tiempo completo. ¿Dónde queda que no se puede confiar en los políticos que viven en ese entorno privilegiado?

Sí, es cierto, esa compra va en contra de todos los postulados que han defendido desde que entraron como un huracán desbocado en la política. Han provocado, ellos solos, las reprimendas de sus votantes y el gozo de sus detractores. En su partido sin duda son los anticapitalistas los que no se han callado ninguna, lo ven como una contradicción insoportable y piden su dimisión. Para arreglarlo, las bases de Podemos van a votar en unos días, con la firme convicción de que serán apoyados y todo volverá a su cauce.

 

foto vanguardia

Foto de  La Vanguardia

Es desalentador comprobar que los políticos nuevos, incluyo a Ciudadanos, siguen las pautas clásicas, sin desviación alguna. Iglesias y Montero ya son políticos profesionales con todos los tics automatizados. Han caído en la rutina de las comisiones, de las sesiones del Senado, de las intrigas de la alta política. Lo reconozco, yo también me ilusioné en su momento, aunque no demasiado. Pronto vi que, al estructurarse como partido, esas corrientes del 15-M iban a ir perdiendo todo su encanto. Y fue así, desde el momento en que sólo se creó una secretaría general. Y me desperté. Creo que el enganche me duró siete semanas y media.

Con los años se va comprendiendo que no se le puede pedir peras al olmo, ni que un tiburón sea vegetariano (que los hay). Pablo Iglesias es el señor supremo de Podemos, con el apoyo del 80% de sus militantes y eso no va a cambiar. Pero en la consulta han recibido el apoyo de dos tercios de los círculos. Él y Montero sólo han madurado, como políticos y como personas, quieren lo mejor para sus futuros hijos. El chalet de sus gemelos les permitirá  jugar entre las flores de su inmenso jardín con otros niños del exclusivo colegio donde acudirán. Así es la vida. Aunque vaya en contra de las convicciones infranqueables que hayan expresado. Uno es el bienestar y lo otro propaganda política.

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Liminal – Reiterado

Reiterado

A veces me delatan los ojos de extranjero
y ven mi ciudad,
donde vivo desde hace muchos años,
como un turista colonizador.

Las fachadas se convierten en marcos
de lunas con luz interior;
las personas se repiten
en un modelo perpetuo
de bocas y ojos…

No existe lo pintoresco
sino un todo informe de manchas
que inducen a entrever seres y objetos inanimados
que se van enmascarando
sin poder hacer nada.

Me derramo sobre la acera
para besar el suelo.

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Liminal – Mucho después

Mucho después

Hace muchos años dibujé una plantilla que encontré en un libro de simbología.
Era un hombre de sesenta años, con los pies hinchados, una guadaña y un farol de /mano;
me costó mucho esfuerzo rellenar con la tinta china cada vacío.

No lo destrocé como los otros.
Lo guardé hasta que quedó amarillo.
Un lapso de tiempo pasó, en que abrí una glosa.

Me di cuenta entonces de que era el Tiempo.

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Liminal – Tardes de chocolate con churros

TARDES DE CHOCOLATE CON CHURROS,
noches de blanco satén,
mañanas de fuegos fatuos.

La sobremesa hecha de lana fría
después de un día de campo con granizo.
Un picnic con tartera, arroz caldoso, gaseosa, cerveza y vino tinto.
El fantasma de la abuela nos visita

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Liminal – La pintura plástica…

La pintura plástica se coagula como sangre seca.
Maquillo la piel ocultando las cicatrices
que me provocó el cuchillo.
Falta de pulso.
Un momento de distracción.
He sacado de quicio
la ventana.
Mi peor enemigo se encuentra a mi lado
y le doy las gracias.
Me arrastro
manchando la superficie con el polvo que cubre mi piel.
Todo podría ser peor.
Mi sangre se extiende como pintura fresca.

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Liminal – Temo convertirme en un clon

Temo convertirme en un clon
en una fotocopia de baja resolución,
en una reproducción de Youtube.

Tengo miedo a no tener una voz propia,
a ser prescindible,
a no provocar evocaciones ni rechazo.

Me da pavor ser aséptico.
¿Tengo atributos?

Edito mi cara
para volverla nívea, apaisada, reconstruida.
¿Mis palabras se anegan hasta el fondo de la cuba,
en el fondo de la red de pesca?
¿Soy una sardina que servirá
para la peor lata que se pueda fabricar?

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Liminal – La dulce calidez de la casa

La dulce calidez de la casa
que nos atrapa con su bienestar,
que nos adormila,
nos doblega,
hace que nuestros sueños imposibles
se hagan poco deseables.
El placer de dejarse ir
de olvidar las metas,
de sumirse en la mediocridad;
una medianía dulce, sin exigencia,
sin sueños.
La sensación cómoda
de no necesitar salir fuera
hacia lo salvaje,
de no enfrentarse al frío.

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Liminal – Camina traqueteando

Camina traqueteando;
subiendo la colina, sola,
sin posibilidad de llamar un taxi,
cualquier vehículo a motor
porque le ha tocado subir
la vida a pie,
sin atajos;
aunque hay (hubiera habido)
hijos, hermanos y amigos.
Nunca se quejará.
Esa máxima la aceptó desde que supo
que el amor no era tal como se lo habían vendido,
rompiendo los leves sueños
tras ver a Evex Mimiuk
o a Romy Schneider en el cine.

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Liminal – Negra

Negra,
la tierra negra;
resultado de las putrefactas carnes:
las de las plantas,
las de los animales,
las de los humanos y sus aguas fecales…

Sólo así se consigue la negritud fecunda,
el seno donde se esconde la potencia, la verdad, el renacimiento.

Todo lo que puede dar vida
se resume en la oscuridad húmeda,
donde la luz se apresa
para concebir la duración, el lapso,
el tiempo de dar a luz…

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