Réquiem por los que quieren vivir de ilusiones.

Hay personas que no están hechas para este mundo, que son débiles, que siempre están a punto de llorar o de partirse la cabeza contra el muro; que siempre meten a los demás en sus problemas. Cargantes, absorbentes. Los odio o nos dan pena. Pobrecitos, hay que salvarlos. Y la gran mayoría es que no se dejan salvar. Tozudos. Las personas no nos cambian, nos cambiamos nosotros mismos,  y si es con pastillas legales de la Seguridad social o la clínica privada de turno, no hay culpa. Son profesionales.

Pobre Sara, pobre Marion, pobre Jack, pobre Tyrone. Víctimas de sus adicciones. Si hubiera sido una película moralista hubieran encontrado a  Dios, a una asociación con un método eficaz o un psicólogo simpático. Una solución. Qué pena.

Por cierto, los sueños, sin una base, se convierten en pesadillas. Descansen en paz.

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