Murallas (Novela corta) – 18/1

18.1

Sólo quiero lo bueno para las personas que quiere. El resto puede morirse.

Y más Nes, me escondo de él cada vez que llega a la mueblería. Le han pillado varias veces llegando borracho a la empresa, y soy yo la que lo tiene que aguantar. Encima Noemí lo ha abandonado y se ha vuelto a casa de los padres con el crío. Nes me culpa. Y para añadido, su jefe se empeña en que desde que yo entrado todo le va mal a la hijo. Toda la bondad del comienzo ya no está. Cuando termine este contrato sé que voy a volver al inicio.

No me voy a dejar vencer.

Has visto, me quiere encerrar como si tuviera catorce años. Como si no trabajara tanto como él. Y me dice que vaya al psiquiatra. Eso no va a aquedar así.

Noemí se sinceró en la sombra.

Ahora todas las sospechas de Ligia me habían calado, todas sus sospechas. Su teoría de que Nes le echó a la muerte parecía factible, su teoría de que Noemí no era una santa sino una loba con piel de cordero ya no era extraño. Quizás fuera porque encontré una papelina en el baño de la empresa. Quizá es porque he escuchado conversaciones sin sentido con Nes. Quizás es porque la cabaña prefabricada del polígono me parece sospechosa. Aprovechar para entrar en el despacho y observar los archivos de su ordenador, es muy descuidado y tiene las claves en alguno de sus cajones. Podría entrar y no sería difícil.

En una salida con ellos, Nerea se sinceró sobre Ligia y Noemí no se enfadó sino que mostró una cara hiriente, lejos de cualquier ternura que pudiera haber visto: –Crees que Gabino no estaba condenado. Era débil, por eso es que nunca lo vi como un padre. Era algo estupendo su manera de ver las cosas, pero nada más. No estaba preparado  para vivir y menos con un niño. Le di una oportunidad y vi que no iba a ninguna parte con él.

Te das cuenta cuando creces que todo es mentira.

No había nada de amor en Noemí. Por eso no le trató bien cuando dejó a Nes y no volvió a llamarla. Creía que había encontrado a una nueva amiga, una que si pudiera acudir, pero no fue así.

–Normal teniendo la madre que tiene. No te acerques demasiado a Ligia, no sacarás nada más que mierda.

Doblo la sábana sobre la manta y aliso el embozo. Ahuecó la almohada de la exposición  de verano, yo monté todo esto como los operarios pero al jefe no le gustó. Sé que lo hago, sé que me necesitan pero son orgullosos.

—Oye Nerea, voy al notario. Si viene el de los muebles de teca, encárgate tú, tengo los modelos señalados en el despacho Y si viene el otro, dile que hay que ir al polígono.

—Gerardo, tengo que hablar s obre cuando…

—Este viernes, aclaramos todo.

Y el jefe salió por la puerta sin darme ninguna razón.

Nes estaría entrenando, al menos fue lo primero que hizo al llegar esta mañana: —Hoy no voy a trabajar. Le dices a mi padre que voy a correr. Con un bote de refresco en una mano, siempre bebía refrescos, las cervezas o el vino le estragaban.

No sabía que iban a hacer sin ella, llamarían a una antigua empleada  a la que despidieron por quedarse embarazada y que luego no volvieron a contratar. Mejor para ella.

Como dice mi padre hay que resistir y luego atacar.

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