Murallas (Novela corta) 15/2

 

 

15.2

Durante la comida, Miguel empezó a hablar de su hermano, el controlador aéreo, y de su hermana, periodista digital experta en tecnología. Nerea correspondió con su hermana que era publicista y su hermano, dueño de varias franquicias de duplicado de llaves. Ambos se consideraban como los hermanos estúpidos y brindaron por ello.

—Puede que sea algo pronto, pero, ¿te gustaría irte conmigo un fin de semana? Pago yo.—Miguel se rió sin dobleces, quizás demasiado condescendiente para Nerea.

Una foto física siempre es un gran recuerdo.

Como en toda buena cita, terminaron jugando al pong. La conversación se dirigió a la experiencia de Miguel en su trabajo como fresador en la fábrica de coches. Llevaba desde los dieciséis, y aunque hubo una regulación de empleo, no se vio afectado. Hablaba del metal como una materia etérea, con infinitas posibilidades. Nerea aprovechaba sus desconexiones para meter gol.

— ¿No tienes nada qué contar?— Llevaba un mes en la mueblería, su jefe ya había tomado confianza como para dejarle cerrar la tienda, se había gastado el primer sueldo en un vestido y unas botas que sobrepasan del presupuesto… Nada interesante.

La pareja se acercó a un fotomatón, era una tradición para Nerea guardar un recuerdo de cada salida feliz.  Ella no quiso ponerse en su regazo. Un aviso de mensaje coincidió con el destello de la cámara.  Nerea escogía un bonito tema de bonsáis.

—Ya van camino del bar, nos tomamos unos cacharros con ellos. Te lo vas a pasar bien, son buena gente.

—No quiero ver gente hoy… Vámonos a tu casa y pasamos la noche juntos. ¿No te parece?

La boca se había convertido en una mueca de asco, aunque Miguel no se enteró. Insistió en describir a sus amigos como gente agradable que le iba a hacer sentir como en casa. Tres amigos, su hermana, algún amigo que se pasaría por allí…

Dimas había enviado su curriculum a una agencia internacional y parecía destinado a irse. Sonsoles planeaba un largo viaje.  Y el resto estaban ocupados. Conocer a los amigos de Miguel quizá fuera una buena idea, pero de repente le resultó insoportable. Sólo quería acostarse con él, no quería nada más. Y al verle sonreír con esa expresión de querer agradarla,  le parecía más estúpido que nunca.

El silencio de Nerea le hizo callar también a él. Ella parloteó que no era el momento de conocerlos, que sólo llevaban dos semanas, que no estaba preparada y era mejor que asentaran su relación, que le gustaba mucho pero todavía no era el momento.

Caminaron por la calle principal,  llena de gente que iba a la última sesión. Por un recodo, se adentraron en la calle de Nerea.  Ella se paró en la esquina desde la cual se veía el portal.

—No hace falta que llegues a casa. Lo he pasado bien. — Nerea le besó el cuello y  se alejó. Miguel  pensaba en la gran noche que iba a tener con Nerea a su lado mientras estuvieran con sus amigos y luego tomando algo en su casa. Sus piernas cruzaron la calle y cuando llegó al portal, lanzó un beso y se introdujo. Miguel sufría la desazón de no verla. Sus amigos le llamaron, le  estaban esperando con una cerveza para él y su chica.

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