Murallas (Novela corta) – 8/2

MURALLATITULO

8.2

 

Fase tercera: Entrevista personal.

Lugar: Despacho adjunto al de contabilidad.

 

Tras ser llamada, una mujer con ciertos rasgos nigerianos pero la piel clara, la recibió de manera gentil. Nerea llevaba doce horas en el hotel Naife, con tres cafés azucarados y una rosquilla de mermelada de fresa y melocotón. Y otra cámara con el piloto rojo que no le perdía de vista.

 

—Bien, señorita —la  mujer le dio la mano, le señaló el asiento y comprobó su ficha. —Señorita Ramírez, veinticinco, experiencia diversa en los ramos de alimentación, hostelería y comercio… Perfecto. Por la actitud que ha demostrado durante la selección, creemos que posee características que buscamos en nuestros empleados.  Pero necesitamos algo más de  información sobre usted.

La comunicación interpersonal es crucial en un barco.

La comunicación interpersonal es crucial en un barco.

No sabía qué tipo de información querían de ella. Sabían que estaba soltera, que había roto su relación hace tres meses, sin pareja ni necesidad de tenerla, sin hijos, sin obligaciones. Podía meterse en un barco durante meses, años, y no tendría problemas. Podían hacer lo que quisiesen con ella.  Podían colgarla del palo mayo si lo deseaban…

 

—El trabajo en un crucero requiere una gran exigencia personal, señorita Ramírez. ¿Está dispuesta a abandonar su vida habitual?

            —Sí, sólo busco mi futuro.

— ¿Cree que Glauco Cruceros es el lugar donde quiere desarrollar esa carrera de futuro, señorita  Ramírez? Nuestro grupo ofrece muchas posibilidades de promoción, pero exige implicarse de una manera perdurable con la empresa.

—Sí, claro que quiero implicarme. Trabajar en un crucero es una buena salida para mí, es algo por lo que daría mi vida.

—Bien… Entonces, usted, ¿busca en este empleo una salida a una situación personal desalentadora?

Nerea se bloqueó, una alta muralla le cercó.  Veía a la interlocutora, y se percató de que en la pared había un plano de la ciudad. Sentía la luz roja en su sien, disparando, veía como la muralla cercaba, ahogaba las callejuelas del centro, vería el cuerpo de Yesca tendido, que surgía en el mapa.

—Señorita Ramírez, necesito su respuesta para poder valorar su incorporación, si se lleva a cabo.

—Supongo que sí.

La gerente allanó la ficha y exhaló todo el agobio que le estaba provocando Nerea. ¿Por qué miraría esa chica tanto el mapa? Ponía cara de lela, una estúpida que no sabe en qué siglo vive.

—Señorita, recibiría una notificación por móvil dentro de dos días. Si usted ha sido uno de los veinte elegidos, tendrá que incorporarse el lunes que viene a un cursillo de iniciación. Le deseo suerte.

La psicóloga del comportamiento se levantó, alzando la mano que Nerea apretó apenas.

Recorrió pasillo tras pasillo, estancia tras estancia, para llegar a la crujía que acaba en el vestíbulo.  Había entrado por una puerta lateral y se había perdido al desandar el camino, pero estaba feliz de haber escapado. Un espacio diáfano, blanco, blanco con matices crema, y azul,  amarillo… Se detuvo frente a un cuadro abstracto gigante, de manchas y brochazos de pintor de fachadas.  Se sorprendió en la puerta con el anochecer.

MURALLA contraportada

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