Murallas (Novela corta) -5/3

MURALLATITULO

 

 

5.3

Quedó apoyándose, observando a su madre con más detenimiento. Idalia está concentrada. Allí estaba toda la historia fa miliar, retratada en las pilas de medicamentos que reconocía por los colores y la tipografía.  Los antialérgicos de Silvia, las inyecciones para la anemia de  Quili,  el laxante favorito de Idalia, el anticoagulante tras la operación de varices de Pascual,  el protector de estómago de Nerea… Apunta el sustitutivo hormonal, el paracetamol…  Los recuerdos de la saga heroica familiar se acumulaban en los blisters rellenos con grajeas, pastillas o cápsulas.  El antihistamínico, complementos dietéticos, las pastillas del mareo, los jarabes para la tos seco  y la tos húmeda, apósitos bálsamo para la congestión de pecho… Un resumen de sus continuas visitas a la farmacia y la seguridad social.

Los medicamentos son la panacea.

Los medicamentos son la panacea.

 

Mamá está concentrada, me tolera. Bebo el café. Quería decirle que me había pasado esa   porque alguien me contó de la nueva vida de Guillén. Acababa de actualizar su perfil con la foto de una nueva chica. Rubia de  bote, hermosa con un maquillaje cargado, estudiante de abogacía. No quería beber….

—Todavía estás ahí parada.

Tranquilízate. No voy a llorar, voy a dormir la mona y mañana encontraré el trabajo perfecto, mi vida perfecta.

Nerea cambia de cara, se desdibuja. Idalia le mira tras el silencio y como si pudiera leer en cada expresión de su hija, se levanta. Le arregla el flequillo. Con una mano firme le levanta la barbilla, coge una servilleta de papel, la moja y le limpia el lápiz de labios que se la corrido tras beber el café. Vuelve a su tarea. Nerea mira la marca de sus labios en la taza.

— ¿Estás aún con eso?

En la puerta, casi en la misma posición, Pascual miraba expectante a su mujer.

 

Nerea sonrió a ambos y se acercó a la persiana, que abrió. El cielo esta tintado al gua, y amanecía.

Me di la vuelta. Mi padre estaba  rascándose la barriga. No me dice nada. “Quieres un café”. Se lo sirvió.

MURALLA contraportada

 

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