Murallas (Novela corta) – 4/3

MURALLATITULO4.3

El centro social era terrible, con todos los afiches llenos de frases hermosas y colores brillantes. No quiso pasar. Desde los cursos de informática, Idalia había andado  y se había convertido en imprescindible.  Habían quedado par a comer.  Metió a su madre en un bistró donde tomaron ensalada césar y crepés. Idalia lo miraba todo como un zoológico. El malestar provocó que dirigiera la conversación a las reprimendas y advertencias de siempre. Idalia volvió sola a casa.

 

Aparcó junto al estadio de  fútbol del barrio, que ya  no estaba en el barrio,  sino en las cercanías a un polígono industrial, a diez minutos. La expansión inmobiliaria es lo que tiene.

«Qué vieja soy».

Esa zona  había sido un camping asalvajado donde jugaban ella y sus hermanos. A los diez años, en el bosquecito, cuando la autovía se acababa de inaugurar y quedaba muy lejos, muy lejos, en lontananza.  Le daba miedo sobre todo al atardecer, porque las sombras se enroscaban alrededor del paisaje, ahogándolo. Los pilares eran las patas de un ciempiés que hiciera equilibrios. Pero ahora la colina se había allanado y la panorámica quedaba lastrada por los edificios de las parcelas de las empresas.

Se vestía con camisa y pantalones de vestir y él también jugaba a ser ejecutivo agresivo. En las gradas, dos grupos de hombres, vestidos, más o menos para un día de asueto. El papel de Pascual  era más de adepto de secuaz, cómplice.  Un complot para recuperar la exigua gloria que habían conseguido el equipo del barrio hace treinta años, cuando estuvo a punto de llegar a octavos de la copa del Rey. Dependía del resultado de esa tarde para comenzar la moción de censura.

Pascual miraba desde lo más algo del graderío, espiando cada uno de los movimientos de los jugadores y dirección, por orden superior.

A veces una comida familiar no es lo mejor.

— Ese chico, el que trabaja en la panadería, se cansa tras diez minutos; no digamos el de la mueblería que ya está casi acabado… Sacan siempre a los mismos.

Sin embargo,  Nerea disfrutó como hacía mucho que no lo hacía. Tras un primer tiempo flojo, los locales  acabaron por ganar de penalti justo. Los planes de la plataforma de prejubilados, tendía que esperar para asaltar el poder.

Los jugadores que, al final, eran chicos normales y corrientes que sacaban tiempo para entrenar varias  noches a la  semana.  Saltaron las vallas para hablar con sus amigos, sus novias o sus familias.   Algunos levantaban a sus hijos pequeños; otros amparaban a sus madres, algo mayores; otros recibían  un golpe amable en el pecho… No se podía evitar la simpatía.

En la cafetería, Nerea brindó  con los compañeros de Pascual  e intentó ser simpática. Muchos la conocían de haber ido muchas veces desde la infancia. Siguió el consejo, podrían encontrarle un trabajillo. Nerea podía ser encantadora si quería y conquistaba a  los señores mayores.

—Ya veo que estás muy guapa. Tu padre es un gran hombre. Y nunca me robó cuando le llevé el coche a su taller. Tu hermano también tenía buena mano, pero se fue, bueno…

Su padre le había recordado su nombre a cualquiera con el que se cruzara. El dueño de varias carnicerías, el  que abrió una empresa de ventanas, el de la óptica, todos le dieron su tarjeta. «No sé si me estoy vendiendo como empleada o como acompañante de viejos salidos».

Pero gracias al esfuerzo, terminó con una propuesta: —Quizás te interesa estar en la caseta de la asociación para las fiestas.

 

MURALLA contraportada

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relato recomendado y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s