Murallas (Novela corta) – 4/2

MURALLATITULO

Los últimos billetes de su finiquito le quemaban en el bolsillo y decidió regalarse una pedicura. No se puede pensar con los pies resecos y llenos de rozaduras. Sólo se podía permitir el servicio básico, pero el masaje de pies con esencia de camomila le bastaba para relajarse y pensar en que todo se iba a solucionar. Los dedos de la masajista  se concentraban en el empeine siguiendo la  curvatura de la planta, luego se introducía en los metatarsianos. Le pintaron las uñas en color burdeos y, al ponerse los zapatos, le quedaban de nuevo grandes, toda la sangre acumulada ya había vuelto a circular por el cuerpo Se negaba a renunciar a esos pequeños placeres. «Voy  a comprar el vaquero elástico con remaches, los pendientes de falso carey, y las zapatillas de tela serigrafiadas con una rosa amarilla y un puñal. Lo compraré todo»

La cubierta de cristal abría el vestíbulo, la bolsa con la ropa de oferta golpeaba sus pantorrillas, y se sentía aliviada. Sonó el teléfono, vio el número, no deseaba cogerlo en medio de ninguna parte. Pero decidió ser valiente…

—Me dijeron que estabas por el centro comercial. Yo estaba con mi madre en  el súper. Ojala hubiéramos coincidido.

No hay nada que alivie más que un tratamiento en los pies.

No hay nada que alivie más que un tratamiento en los pies.

LA capacidad de normalidad en la voz de Guillén le superaba.

«Sí, pero no.»

— ¿Estás bien?

—Perfecto.

—Me alegro.

—Sé que también estás bien.

«Sin duda es un encantador de serpientes.»

—Lo intento.

—Si quieres, puedo llamar a gente. Ya me han dicho que vas con currículos por el centro. Te puedo dar direcciones.

«Lo que me faltaba.»

—Me va bien, quizás me salga trabajo en el equipo de fútbol,  mi padre me puede acoplar.

Guillén se rió y ella quiso hacerlo, pero no pudo.

—De todas maneras, quería hablar contigo. Te iba a mandar un mensaje. Ya he anulado el contrato. Desde hoy, a las doce, ya no hay conexión a internet.

«Qué pensará, que no puedo pagarme yo misma el tema. Que se lo quede todo»

—Ah, vale. Entonces te devuelvo el móvil. Quedemos…

¿El móvil? ¿Para que yo quiero ese móvil?  He hecho otro contrato, con un nuevo móvil, tableta y de todo. No te preocupes.

—No me preocupo.

— ¿Seguimos en contacto? Me voy a Rotterdam, nunca he ido.

—Ajá.

 

Salió del recinto. Se sentó en uno de los bancos de la plaza de los maceteros y repasó las fotos de su móvil, la carpeta exclusiva  que nunca borraba con las fotos de su sobrinos, sus hermanos,  Dimas, Sonsoles, Benito, Javi, Eli… El ácido del estómago fue subiendo por su faringe. Borró las fotos de Guillén

MURALLA contraportada

 

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