Murallas (Novela corta) – 1/2

MURALLATITULO

Le volvía  a doler la misma contractura de hace dos años. Tenía brazos fuertes, pero no la espalda, y al levantar la caja de conservas para colocarla en el montacargas explotó la ciática. No se le podía quitar la imagen de su abuela Rosalía con el tacataca, arrastrando los pies. Se estiró en la cama y salió con cuidado.

Encendió el ordenador del salón, el portátil que se llevaba Guillén en los viajes. Tenía veinte mensajes nuevos en su cuenta. Se enteró del accidente de un político en Irán. De la última moda de  tatuajes virtuales. Le echó un ojo a varios videos de gatitos que retozaban con bebés. Repasó su cuenta de fotografías, allí estaban ellos dos ayer mismo, con otras diez personas, apretujados como en una zulo.  Comentó la foto. Diez líneas. Escuchó la ducha. Nerea tenía la cara borrosa, con esos ojos vidriados que tan poco le gustaban. Parecía una loca. Leía otros comentarios cuando Guillén apareció con su uniforme verde oscuro. Hoy  haría la ruta de quinientos kilómetros, pero al día siguiente se iba  más lejos, a Europa central, durante unos cinco días. Tenían por costumbre no despedirse. Siempre esperaba su llamada de vídeo y podían hablar un rato  cada día si querían. Tampoco desayunaba, prefería tomarse un café con los compañeros. El estómago se le revolvía demasiado. Se compraba una bebida energética y luego cenaba bien.

Nerea busca en la red la ruta de Guillén hasta Hungría

Nerea busca en la red la ruta de Guillén hasta Hungría

Nerea bloqueó la puerta de salida, Guillén la cogió del cuello y ella de su corbata.

— Ya te vas.

— Me vienen a recoger en dos minutos.

— Vale… No te olvides conectarte.

En ese mismo instante, salió al balcón a ver el sedán negro que arrancaba. Cerca estaba la rambla, y al oriente, la cúpula de la catedral y la torre del homenaje del castillo. Desde casa de sus padres sólo se veía la autopista y el comienzo del polígono.

A mi Guillén, suerte en el viaje. Eres lo más grande que me ha pasado. Tráeme un pastel de melaza, de ésos que sabes que me gusta. Cuando LLEGUES, acuérdate de mí. Yo siempre de ti, lo sabes. Besos enormes.

 

 

— ¿Por qué te parece tan mal que traiga un perro? Mira qué mono es…

Cada cierto tiempo Nerea colaba,  bajo cuerda: cachorros, pajarillos, insectos o reptiles. Su piso no era el lugar adecuado. La pulcritud de su estilo minimal, en negro y blanco, con obra gráfica de autor, minibar y equipo de alta definición; no casaba con una mascota que ensuciara el suelo, importunara por las noches o fuera ineludible  sacarlo a pasear  y llevarlo al veterinario.

Ni siquiera Nerea había terminado sus estudios de ayudante de clínica veterinaria. Por aburrimiento, por desidia. Guillén aprovechaba ese argumento para echar por tierra sus aspiraciones.  Lo había dejado porque ganaba dinero con más facilidad, razón suficiente para no aplicarse en el estudio. Nerea tenía un desahogo: sacaba su colección de animales de plástico, comprados en los chinos o regalados en las hamburgueserías.  Las muñecas se quedaron en casa de su madre, pero la cesta de picnic que compró para su colección, no. Amaba su zoológico lo mismo que a sus zapatos de ante. Sabía que tenía su día melancólico cuando los ponía en caravana dando varias vueltas a la mesa de la cocina, rumbo al fin del mundo conocido.

Esta vez era un cachorro de bull terrier, color canela, con la cara más estúpida que se podía haber encontrado. Tomaba una cerveza y así apareció, con el bicho en los brazos, babeando, con complacencia perruna. Arropado con una manta de huellas de patas. Como temía, el perro se escapó y comenzó a corretear. Como una vieja limpiadora de sala de operaciones, Guillén expulsó un grito que quitó la sonrisa a Nerea; la entelequia  de una cagada de perro en alguna esquina inaccesible  le turbó. El perrillo mordisqueaba el borde de la alfombra, Guillén lo remarcó. 

Estoy enfadada. No sé porque hay personas que odian los animales. Siempre quise ser veterinaria, pero las cosas no funcionaron. Bueno, aquí os dejo una foto. guapo, ¿eh? Si lo queréis, está en la protectora.

MURALLA contraportada

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