‘La mirada del emperador’. Prefacio de la XXXIV edición por el autor

FelipeII bizcoEscribí “La mirada del emperador” porque me encontré con un hecho interesante, no constatado en las crónicas habituales: Felipe II sufría miopía severa y por eso atraía a muchas de las cortesanas que hablaban de “la mirada sobrecogedora” del rey de España y Alemania. Aunque vivió una vida austera, eso no le impidió dejarse llevar por un amor inaguantable. En concreto, descubrí la pasión real por Marfisa de Santamayor, camarera de la reina y esposa del noble del consejo, don Fadrique de Morecastaño. Tras unos meses de acercamiento, aprovecharon la embajada en Flandes para vivir un fin de semana magnífico en la Granja. No pudo alargarse porque el marido volvió a la capital del reino con la pierna rota al cruzar el Bidasoa.
Esa anécdota marca la vida del rey, y ase cuenta que su caída en la religión, se relaciona con esa pasión frustrada.
He disfrutado del lado humano del emperador, amante del bonito con tomate, las palomas en salazón y los puerros del vinagre. Apasionado por las pinturas religiosas sobre todo el buey y el burro del portal de Belén. Experto en las artes del sable que usaba con maestría para cortar lonchas de cecina.
Se me critica el hecho que convierta a Felipe II en un hombre preocupado por engordar y por su pérdida de pelo. Me parece que negar la humanidad que oculta un personaje clave de nuestra Historia no es el buen camino que debe seguir una narración. Contrarrestar los proyectos políticos con las debilidades personales es la única manera de ser sinceros. Es el ser humano el que gobierna y no el rey.
Mis lectores me han comentado (salten este párrafo quien lean este libro por primera vez) que el momento en que Marfisa, delante del tapiz de “Eros y Psyque”, confiesa su amor incondicional y Felipe parece decidido a abdicar, se convierte en una escena mayestática que conmociona a todos. Para los incrédulos, tengo pruebas de ello en este extracto de un diario recién descubierto del emperador:
«No sabría qué ponerme si no me traes la gorguera que se me olvidóen tu casa. Ven, te necesito”.
Impresionante. Una intimidad incuestionable que refuerza la imagen de un amor elevado y un emperador amable, tierno y amante devoto. La misma Marfisa cuenta en una carta a su hijo suyo (amante a su vez de Delfín francés):
«El rey es muy buena persona. Me invitó a una copa de moscatel traído de su visita a Cariñena Sus ojos se extraviaban con la cuarta copa. Me dio muchos recuerdos para ti.”
Cuando ciertos círculos reprochan mi trabajo, sólo debo decir que además de cinco años de documentación, he pasado ocho horas diarias durante dos años. Todo gracias a una historia mítica, excelsa, para que mis lectores disfruten. ¿Acaso creen que mil doscientas páginas se escriben en un tris?

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